3 vicios argumentales en torno al "Caso Sendic"

Horacio Bernardo
 

Podemos llamar “Caso Sendic” a un conjunto de hechos recientes que atacan la figura y la credibilidad del actual vicepresidente de la República. El caso se compone de una serie de hechos velozmente consecutivos, como el escándalo de la gestión de Ancap, el enojo del mandatario por la inclusión de datos acusatorios en su perfil de Wikipedia, el accidente automovilístico en el cual el jerarca de izquierda no respetó una señal de tránsito, la presunta titularidad de varias estaciones de servicio a su nombre, hasta el más reciente, en el cual se enfrenta a fuerte evidencia en su contra que establece la duda acerca de la veracidad de su título de Licenciado en Genética Humana. Todo esto conmueve a la sociedad en su conjunto,  razón por la cual se abre el debate en diversos frentes (vía discursos, prensa, redes sociales, etc.). Es, en medio de este torbellino, que puede estudiarse ciertos vicios argumentales que empantanan el terreno de juego. Veamos, por lo tanto, 3 vicios actuales en acción y estudiemos cómo operan.

 

 

1. Primer vicio argumental: Confundir opinión desfavorable con opinión falsa

 

El primer vicio es aplicable al “Caso Sendic” en su conjunto, y aún a los hechos que puedan sumar capítulos a esta historia. Existe una estratagema argumentativa, harto conocida, cuya utilidad es permitirnos afirmar que todo lo que se diga en nuestra contra ha de ser falso. Naturalmente, lo que se diga en nuestra contra puede ser a veces falso, a veces verdadero, pues la verdad de una afirmación no depende de cuánto nos favorezca. Pero el vicio argumental consiste en equiparar todo lo desfavorable a lo falso. Para conseguir esto, ha de necesitarse un elemento particular: la figura de un antagonista que pueda cumplir con el rol de “enemigo”. Este enemigo debemos verlo únicamente como una función argumentativa, pues es necesario que exista para que el argumento que veremos a continuación funcione. En el caso que nos ocupa, este antagonista es la figura difusa de la oposición política, de la cual se afirma que puede atacar directamente, o a través de los medios, o a través de una campaña sistemática y atomizada. No negamos la existencia de la oposición así como tampoco la eventual existencia de hostigamiento mediático. Lo importante aquí no es tanto que todo ello exista, sino que pueda decirse que toda la información en contra es falsa. Veamos cómo funciona. El propio Sendic, en rueda de prensa, hablando acerca de la duda sobre su licenciatura, señaló como primeras palabras.

 

“Les quería manifestar algunos conceptos. En primer lugar, decirles que desde hace ya un tiempo, casi ya dos años, en plena campaña electoral, empezamos a recibir una fuerte campaña de hostilidad que viene de distintos sectores hacia nuestra persona y hacia nuestro papel”

 

El enemigo está claramente planteado. Son diversos sectores (difusos) los que indican agravios concretos (hostilidad a través de hechos mediáticos). En esta línea se puede añadir las opiniones de quienes afirman que toda noticia desfavorable contra Sendic se trata de un hostigamiento de la oposición, o una campaña para boicotear su futura postulación a la presidencia. En este extremo, todo lo que se diga en contra de Sendic puede ser dudoso, bajo la sospecha de insidia de la oposición. Todo puede ser falso. El vicio argumental puede sintetizarse del siguiente modo.

 

a) Si alguna afirmación, opinión o hecho resulta perjudicial o se opone a nuestro bien, ha de provenir del hostigamiento de la oposición (el enemigo)

b) Lo que proviene del hostigamiento del enemigo, ha de contener un importante grado de distorsión y falsedad (ya sea porque ser sospechosamente malintencionado, tergiversado, exagerado o no representativo)

Conclusión (uniendo lógicamente a y b): Si alguna afirmación, opinión o hecho resulta perjudicial o se opone a nuestro bien, entonces es hostigamento de la oposición (el enemigo) y ha de contener un importante grado de falsedad

 

Pero veamos que el razonamiento no resiste el menor análisis, porque aún admitiendo que toda la búsqueda de información escandalosa provenga de sectores de oposición, el resultado de esa búsqueda no ha de ser por ello siempre falso. Sin embargo, la función del enemigo dentro de la argumentación es hacer sostener esta falacia. No es nada nuevo. Desde el antisemitismo, pasando por el imperio del mal de Reagan hasta la guerra económica de Chávez y Maduro, constituyen la misma estrategia. Establecido el antagonista, su voz queda desacreditada. En este caso, la misma estrategia se aplica a un nivel micro. ¿Qué podemos aprender de todo esto? Que debemos ser críticos. Que el caso Sendic quizás muestra la insidia y el hostigamiento de “diversos sectores” pero, fundamentalmente, llama a una fuerte autocrítica y reconomiento acerca de que, buena parte de esos hechos pueden ser verdad, independientemente de la mala intención con la que hayan podido ser puestos a disposición de la opinión pública.

 

 

2. Segundo vicio argumental: Confundir confesión de culpa con absolución moral

 

“La chamboneamos”. Con esa expresión el ex presidente José “Pepe” Mujica asumió el error durante su gobierno ante el escándalo en torno al manejo financiero de Ancap, en la época en la que dicho Ente se encontraba bajo la dirección de Raúl Sendic. Admitir la culpa de un hecho es, en diversos sentidos loable, pues se supone que quien admite la culpa tiene el coraje y la ética suficiente como para hacerlo. Pero desde el punto de vista argumentativo puede también ser una estrategia para mejorar nuestra imagen ante los demás. Ya Aristóteles en el Capitulo III del Libro II de la Retórica, señalaba como una estrategia para calmar la ira la de asumir los agravios cometidos. ¿Confesión admirable o estrategia sagaz para aplacar la furia de la opinión pública? Sea cual sea, cualquiera de las dos alternativas resultan válidas en la arena política. El ex presidente ha hecho uso múltiples veces de esta estrategia con éxito, tanto así que se puede escuchar en la opinión pública cierta afirmación difusa que sostiene que, a pesar de los diversos escándalos, Mujica es honesto y los que eventualmente pueden robar son los demás. No se desploma la imagen moral del ex Presidente. Mujica no rehúye a la responsabilidad por los hechos, pero admitiéndola, queda absuelto perpetuamente en el plano moral. El Diario el País del 29.12.15 escribía:


“Y ante la pregunta acerca de cómo siendo presidente de la República no estaba al tanto de la situación financiera de la mayor empresa pública uruguaya respondió: “Bueno… no lo conocía. No importa… de todas maneras eso no elude la responsabilidad”

 

No elude la responsabilidad administrativa, la admite de inmediato, sin objeciones, y con ello mantiene intacta su imagen moral. Ante la opinión pública logra quedar moralmente absuelto. En términos generales, todo político puede robar o corromperse. Mujica, sin embargo, es un hombre de buen corazón. Sólo comete errores. Sólo la chambonea. El argumento es sencillo.

 

a) X es responsable por un hecho negativo

b) Si X admite la responsabilidad por un hecho negativo queda atenuada (o eximida) su responsabilidad moral

Conclusión (de y b): Si X es responsable de un hecho y lo admite, no es moralmente responsable.

 

Está claro que el hecho de admitir algo no nos convierte en moralmente buenos, aunque toda una tradición cristiana en nuestra cultura vincula la confesión con absolución. No ahondaremos aquí sobre la profunda tradición cultural que permite emplear esta estrategia argumental, pero ciertamente esta tradición (judeo-cristiana) es la que nutre la imagen de Mujica (aún no siendo cristiano). Claro está, Mujica es un caso particular, pues su imagen de presidente de escasos recursos y con un pasado idealista y sacrificado (también con fuertes analogías que remiten a los valores cristianos y a la figura de Jesús) le permiten gozar de mucho más crédito moral que a la mayoría. Sin embargo, en términos generales, creo que del caso Mujica en este pequeño episodio en torno al escándalo de Ancap y de su “la chamboneamos”, podemos extraer una enseñanza interesante. Aprendemos que si bien asumir la culpa no exime moralmente a las personas, nuestra matriz cultural hace que asumir la culpa de los hechos, sea, ante los otros, una poderosa estrategia, que era ya conocida desde el tiempo de los griegos y antes de Cristo. Quien haga hábil empleo de ella deberá tener en cuenta que cuánto más credibilidad previa posea (como el caso de Mujica) mayor uso podrá hacer de esta estrategia. Quien se arrepiente rápido, quizás pueda no arrepetirse de hacerlo.

 

 

3.  Tercer vicio argumental: Sostener que una mentira no es grave ni relevante porque no produce efectos.

 

Mentir sobre si se tiene o no se tiene un título, ¿es grave? ¿es relevante? El último escándalo en torno a Raúl Sendic es el de la veracidad de su supuesta Licenciatura en Genética Humana. Interrogado por la prensa y hostigado por las preguntas, el vicepresidente señaló que su título de Licenciado no era tal para luego, en rueda de prensa posterior, señalar que sí era Licenciado y que podía solicitar traer una copia del título desde Cuba, país donde habría estudiado la misma. Estas contradicciones, sumadas a que Sendic firmó varios documentos ostentando el título de Licenciado, agregan una nueva situación escandalosa que se presenta a la opinión pública. No es de nuestro interés (ni está a nuestro alcance) indicar si Sendic posee o no posee el título. Quisiéramos señalar, sin embargo, algunos aspectos acerca de ciertas afirmaciones en prensa y en redes sociales que, previendo una posible mentira por parte del vicepresidente, optan por la línea argumental de quitar relevancia al hecho. La reconstrucción del argumento, en términos generales, es la siguiente:

 

a) La afirmación X es una mentira

b) Los efectos de X son irrelevantes

Conclusión: La afirmación X es irrelevante

 

“Nunca usé el título” había afirmado Sendic. Parecería que si se tratase de un título de cirujano o cualquier otra especialidad médica sería imposible señalar irrelevancia pero, tratándose de otra cosa podría ser obviada. Al respecto, en el Diario el Observador del 24.02.2016, Mujica afirmó: “Yo no sé si él tiene algo que ver o no. Es de la gente que dice que es licenciado. No le doy ninguna importancia”. A esto se puede sumar otras argumentaciones en la misma línea que pueden rastrearse en redes sociales. Se afirma reiteradas veces que se trata de un tema menor. Tambén se ha dicho que detrás de este tema de poca monta se pretende ocultar otros que son los verdaderos. O también que estas tonterías son desmesuradamente presentadas a la opinión pública. Sin perjuicio de que efectivamente este tema sea menos importante que otros, o de que existan intencionalidades, lo que se omite en este razonamiento es que una mentira es reprobable no sólamente por sus efectos, sino también por el mismo hecho de faltar a la verdad (independientemente de las consecuencias) Y, en este caso, señalar que es irrelevante la veracidad de un título, no sólo supone decir que todo título es irrelevante, (cosa que es insostenible pues no habría forma convalidar socialmente los conocimientos de una persona), sino que se está faltando el respeto al valor del sistema educativo, el cual descansa en ciertos requisitos mínimos de verdad. Por otra parte, al desestimar el título, se confunde aquí dos cosas: el saber de una persona y los mecanismos por los cuales ese saber es reconocido socialmente. Al declarar irrelevante el segundo, el primero (el saber) se vuelve meramente declarativo. “Yo sé de tal materia porque yo lo digo, o porque me dicen que sé”, podría afirmar alguien y no habría garantía alguna que exigirle para exigir respaldo de sus afirmaciones. Nótese que no se está defendiendo la burocracia de los títulos. Lo que se defiende es el valor básico de no engañar. La cuestión del título es secundario. En tal sentido, es a partir de este "caso Sendic" y de algunos de sus vicios argumentales, que podemos rescatar, como elemento de reflexión, que la verdad tiene mucho de preferible per se. Detectar vicios argumentales es una forma de valorar ese porción de verdad, siempre escasa, siempre huidiza.

© 2015 HoracioBernardo

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