Vivir el momento

La felicidad de lo ambiguo

Horacio Bernardo
Publicado en Revista Relaciones. Julio 2015.

La filosofía nos rodea en la cotidianidad de múltiples maneras. Una de esas formas es a través de algunos de sus resultados más notables (frases, máximas, etc.), los cuales han resurgido una y otra vez a lo largo de la tradición occidental de pensamiento. Estos resultados han tenido presencia, en cada época, cumpliendo funciones y usos determinados. De lo que quisiera hablar es de la ambigüedad de esos usos, los cuales no siempre permiten captar la profundidad o la intencionalidad involucradas en esas frases o máximas empleadas en el lenguaje corriente.

 

No se trata aquí de indicar un significado “correcto” de la filosofía ni una explicación elitista de la misma, sino señalar que muchas veces se presenta el resultado despojado de su justificación, y eso tergiversa los términos. Es posible ver y escuchar, reiteradamente, fórmulas de significación filosófica que son parte de los lugares comunes del lenguaje. Esta repetición no es, a priori, favorable ni desfavorable: lo único que indican es su vigencia en nuestra cultura. Pensemos, por ejemplo, en la antigua fórmula: "Vive el momento". Esto podría mencionarlo un profesor que cite al poeta latino Horacio (su “carpe diem” significa aprovechar el día), o un amigo que aconseja a otro a seguir sus deseos, o quizás Ricky Martin en una FM. No hay nada de malo en esos usos. El impacto de la frase “vive el momento” es rápido, fácilmente comprensible, no hay nada que preguntar. Vivir el momento es eso, vivir el momento. O quizás no.

 

Lo ambiguo conforma a todos; esto es regla general. Si se quiere agradar a más gente, habrá que ser más ambiguo, decir palabras que cada quién pueda interpretar acomodándola a sus deseos. Los grandes discursos son ambiguos. Por eso todos aplauden. Quien está de acuerdo con la máxima: “vive el momento”, o “aprovecha el hoy” o “vive ahora como si fuera el último día de tu vida”, pero omite mencionar al menos algún detalle acerca de qué razonamiento fundamenta esa frase, sólo sabe una parte de su significado. Está de acuerdo con algo, en todo caso, porque es ambiguo.

Sigamos con el ejemplo de “Vive el momento”. Para llegar a una conclusión así como regla de vida, previamente se debe haber elaborado una justificación (en algún período histórico). No importa la erudición aquí, sino los elementos fundamentales. ¿Cuáles son las posibles justificaciones de una máxima así? Pueden ser múltiples: o bien porque el momento es lo único que tenemos (el pasado y el futuro no son tangibles), o porque la vida es corta, porque de todos modos nos vamos a morir, o porque vivir el momento es lo mejor que podemos hacernos a nosotros y a los demás, etc. Vemos que en el reino de la justificación, se puede llegar a una misma conclusión por múltiples caminos. ¿Con cuál estamos de acuerdo?

 

Pero no sólo la justificación puede ser diversa, también el resultado puede querer decir cosas bien diferentes. Siguiendo con el ejemplo de la recomendación "vive el momento", esta puede comprometernos con varios tipos de vida,. Veamos tres.

 

  1. Podría indicarnos que debemos gozar lo más posible, disfrutar ya y sin postergaciones. Esta es una recomendación hedonista que puede verse, por ejemplo, en el discurso publicitario. No pensar, no estar en preocupaciones, disfrutar. Se vincula con una visión de placer. La vida como excitación

  2. Pero también podría indicarnos que debemos buscar la calma y la paz, evitando aquellos deseos que nos turban. Este es un mensaje de corte epicúreo, que si bien busca el placer, es muy diferente a la visión hedonista-publicitaria antes señalada. Vivir el momento sería aquí la evitación de aquello que nos produce temor, dolor. La vida como tranquilidad

  3. Pero podría, por otra parte, significar estar en vigilancia de los propios actos, auto-examinarse en la mayor parte de los momentos presentes. Vivir el momento podría querer decir, estar atento a los estados de ánimo, no apartarse de las reglas, vigilarse, y esta sería la recomendación estoica o de algunas escuelas místicas que promueven procesos de purificación. La vida como perfeccionamiento.

 

Entre la vida como excitación, como tranquilidad, o como perfeccionamiento, todas pueden provenir de la recomendación “vive el momento”. La ambigüedad se amplia. Pero hay más.

 

Detrás de la recomendación “vive el momento” puede haber incluso diferente intencionalidad de quien la promueve o la vive. Vivir el momento, desde lo publicitario, podría ser la justificación del consumo. O, desde lo individual, podría ser la justificación de la indiferencia respecto de los problemas sociales, o, desde lo insitucional, tal vez la justificación de una rígida jerarquía sectaria. Por supuesto, no todos sus usos han de ser negativos. También podría ser, simplemente, una invitación a pasarlo lo mejor posible. No cabe ser fatalista en estos casos. Sin embargo, es importante saber que lo que se dice compromete con la justificación y la intencionalidad de lo que se dice. Es evitar vivir en la felicidad de lo que se ha aceptado o repetido, porque es ambiguo.

 

Vivir el momento, en ese sentido, puede ser, también, pensar un momento en esas cosas. Puede significar un momento para preguntarse qué significa vivir.

© 2015 HoracioBernardo

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